MILES DE ESTRELLAS

 


Estamos oficialmente en verano. Aunque en el resto del país llueve y en las redes sociales se ven imágenes de la emergencia invernal causada por el cambio climático en zonas habitualmente cálidas, en Guánica el clima se está comportando como suele ser en febrero: seco, soleado durante el día y con el paisaje cubierto por una bruma tenue producto de una que otra llovizna en la madrugada.

La verdad, amo este clima. Me hace feliz poder salir a caminar por el campo, andar por la tierra medio descalza, usar vestidos y descansar en mi hamaca al calor del medio día. Me siento un poco culpable por disfrutar de un clima que es más bien rudo con los animales y las plantas. Para compensar, ahorro y reutilizo el agua, riego las plantas tanto como mi trabajo me lo permite y rescato las ranitas que terminan atrapadas en el tanque del agua potable.

Pero de todas las cosas que amo de vivir en el campo, hay una, que es mi favorita y que puedo tener durante el verano:

Las noches estrelladas...

Me puedo pasar horas mirando hacia el cielo, tratando de ubicar las constelaciones y disfrutando de la vista de las estrellas. 

Las noches en el campo son magia pura. Cuando uno logra superar el miedo a los intrusos y se familiariza con los ruidos nocturnos, las puede disfrutar en todo su esplendor. En luna llena o creciente, el paisaje se ve plateado, bañado por la misteriosa luz de la luna y se oye el canto de las lechuzas y los búhos marcando su territorio, buscando pareja o por la presencia de una presa. En menguante o luna nueva, brillan miles y miles de estrellas y los insectos llenan el ambiente con el sonido metálico de su canto, perfecto para conciliar el sueño.

Cuando alzo los ojos al firmamento en una noche estrellada recupero la humildad y mis problemas y preocupaciones vuelven su verdadera dimensión. Nada más tranquilizador que descubrir nuestro verdadero lugar en el Universo.



Comentarios

  1. Noche estrellada es un lujo que espero darme pronto ... buena y larga vida ...

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  2. Ecxelente reseña y muy bien escrita... Es precisamente lo que yo más extraño de mi vida en el campo en Tibacuy, mis paseos nocturnos con mis perros, incluso después de un aguacero... Pero las noches estrelladas o de luna llena con los rumores del viento en el follaje y la actividad de los animales noctámbulos son lo más sobrecogedor y emocionante... Cosas que no se disfrutan en la ciudad... Gracias!

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