DE CÓMO ESCAPÉ DE LA MAFIA DE LAS APLICACIONES DE CITAS
Cuando la vida transcurre tranquila y feliz, el sol brilla, los pajaritos trinan alrededor y las flores del jardín están más bellas que nunca, tanta tranquilidad genera inquietud. Hace falta algo que le agregue emoción a la vida cotidiana… algo de dopamina, oxitocina, serotonina o, en el peor de los casos, cortisol… alguna hormona que nos indique que seguimos con vida en medio de tanta calma. Así, un viernes cualquiera, estaba yo recostada en mi hamaca, al mediodía, revisando publicaciones en Instagram, esquivando el calor de la oficina y con un poco de pereza de volver al proceso de selección de libros de la biblioteca. Entonces Instagram, que suele leer mis pensamientos y escuchar mis conversaciones, me mostró un anuncio de una aplicación de citas con personas de Asia. Quizá porque el algoritmo tiene demasiada información sobre los protagonistas de mis dramas coreanos favoritos. Por supuesto, los personajes del anuncio eran hombres maduros, guapos, exitosos y sonrientes. Antes de seg...