RUMBO A BUSAN
En nuestra última mañana en Seúl logramos hacer la visita a la icónica torre Namsan. Habíamos estado intentando ir desde nuestra llegada y nos había tocado posponer la visita por lluvia o cansancio. Subimos a pie, en compañía de caminantes extranjeros y locales por un sendero rodeado de árboles, bien señalizado y cubierto por sectores con un tejido grueso de fibra natural que evita que el tránsito de personas convierta los senderos en barrizales. Al llegar a la cima, además de la torre, nos encontramos con la magnífica panorámica de la ciudad, un concurso de pintura y los barandales cubiertos de candados con mensajes de amor. Personalmente no soy partidaria de los candados como símbolo de amor eterno por aquello de la pérdida de la libertad y porque con el paso del tiempo el desgaste los termina rompiendo. Los administradores de la torre saben bien de esta situación y le advierten a los visitantes que de cuando en cuando, los candados serán retirados. Como dice e...