ADIÓS AL RIO HAN



Se acabó el viaje. Pasamos los últimos días del recorrido en Seúl conociendo la que yo diría es la cara más moderna e impresionante de la ciudad. Hicimos algunos recorridos a la orilla del río Han, incluyendo uno en el que presenciamos el famoso show de música y luces en el Puente Banpo.



Se habla del "milagro del río Han" porque en sus riberas la ciudad floreció y se convirtió en la metrópoli que es hoy. Lo rodean altas torres de apartamentos de lujo, edificios de oficinas de compañías como Samsung, LG, Hyundai, entre otras, y muchas áreas verdes como Seoul Forest, con espacios para caminar descalzo, leer, tomar fotos y disfrutar de hermosos jardines de flores, con la tranquilidad de hacerlo en una de las ciudades más seguras del mundo.



Es impresionante ver cómo los seulitas dejan sus pertenencias a la vista de todos, se sientan a hablar por teléfono o a usar sus dispositivos electrónicos en zonas públicas sin miedo. Y se sienten muy orgullosos de ello.

En compañía de Mariu y su hija, nuestra joven small model y también bailarina, tuve la oportunidad de visitar los distritos especializados en K-pop. Allí los fans pueden comprar toda suerte de artículos asociados a los grupos o artistas de su preferencia, ver presentaciones musicales en la calle y tomar clases de baile en estudios especializados en el tema. Aunque me encanta la cultura coreana, su música y sus series, me inquieta estar apoyando una industria que comercializa a ese nivel a sus jóvenes talentos. A ellos les envío mis mejores deseos para que puedan disfrutar de las cosas buenas que debería darles su talento y disciplina, sin perder su libertad en el intento.


También visitamos Gangnam, la zona que se hizo famosa por la canción Oppa Gangnam Style, que desborda lujo y elegancia. Grandes pantallas en las esquinas y letreros luminosos anuncian toda clase de productos, marcas famosas a nivel mundial y servicios de belleza y bienestar. Y un río de visitantes de todo el mundo recorre las tiendas en busca de la ilusión de felicidad y perfección externas que ofrece el mercado.

Hoy, al salir, el río Han nos despidió con una vista distinta. Estaba amaneciendo y, desde el curso del río, se levantaba una tenue neblina sobre las oscuras y tranquilas aguas. Una despedida poética para un viaje que también significó comprobar que los sueños se cumplen, que en algunos aspectos superan nuestras expectativas y que también nos enseñan realidades ajenas a nosotros.

Otra despedida durante este viaje fue la de Jack, mi gato mayor, que se fue en mi ausencia y a quien extrañaré de ahora en adelante. En otra publicación le haré el homenaje que se merece. Por ahora, las lágrimas me lo impiden. Le envío todo mi amor, mi agradecimiento y mis mejores deseos en su viaje al cielo de los gatos.



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