JEONJU II, DE COMO ACOGER A LOS VISITANTES Y HACER QUE SE SIENTAN COMO EN CASA



Jeonju es una ciudad del suroeste del país. Me cuenta Chat GPT que tiene aproximadamente 650.000 habitantes y es conocida por preservar la esencia de la tradición coreana. La Unesco reconoce su gastronomía como patrimonio de la humanidad. 

Nos estamos alojando en la Hanok Village en una casita de más de 100 años de antigüedad. A nuestro alrededor hay restaurantes, tiendas de artesanías, cafés, lugares de alquiler de trajes tradicionales y pequeños hoteles que se han adaptado a las condiciones de la aldea tradicional para garantizar su conservación al tiempo que se ofrecen servicios a los visitantes. Hemos visto viajeros de todas partes del mundo, pero también coreanos, disfrutando del ambiente creado para acoger a quienes los visitan. 

Además de recorrer la aldea Hanok, visitamos la Catedral Católica de Jeondong, el Santuario Gyeonggijeon, el observatorio Omokdae y Escuela Confuciana Jeonjuhyanggyo. Recorrimos las calles del Jaman Mural Village, con sus paredes decoradas con arte urbano y caminamos hasta el parque Deokijin.

He escrito en varias oportunidades de la belleza de la arquitectura y la naturaleza, y en ese sentido Jeonju, es similar a las ciudades que hemos visitado previamente, pero en esta publicación quisiera contar algunos ejemplos del desarrollo del turismo como experiencia que nos regaló esta ciudad:

Música en vivo. Varias veces, durante el fin de semana nos encontramos presentaciones de artistas locales de un nivel sorprendente, cantando, bailando en las calles e interactuando con el público. 

Los desfiles representando los cambios de guardia del palacio, los traslados de sus dirigentes y el teatro callejero de la antigüedad. 

La pequeña emisora comunitaria donde nos saludaron y nos regalaron una canción en español.

La invitación a aprender artesanías en una pequeña feria del fin de semana.

Los regalitos que recibimos por estar visitando la ciudad.

Las indicaciones de un profesor que nos contó del parque Deokjin, un parque de flores de loto que no teníamos en el plan y que se convirtió en una larga caminata donde conocimos la ciudad y tomamos fotos fantásticas al caer la tarde.

Y los saludos y felicitaciones por el empate de Colombia en el partido del mundial de fútbol. 

Se acerca el fin del viaje, pero creo que a este punto, lo vivido hasta el momento ha superado mis expectativas. Gracias a Corea por su calidez y hospitalidad. Dan ganas de regresar. 




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