RUMBO A BUSAN


En nuestra última mañana en Seúl logramos hacer la visita a la icónica torre Namsan. Habíamos estado intentando ir desde nuestra llegada y nos había tocado posponer la visita por lluvia o cansancio. 

Subimos a pie, en compañía de caminantes extranjeros y locales por un sendero rodeado de árboles,  bien señalizado y cubierto por sectores con un tejido grueso de fibra natural que evita que el tránsito de personas convierta los senderos en barrizales. Al llegar a la cima,  además de la torre, nos encontramos con la magnífica panorámica de la ciudad, un concurso de pintura y los barandales cubiertos de candados con mensajes de amor. Personalmente no soy partidaria de los candados como símbolo de amor eterno por aquello de la pérdida de la libertad y porque con el paso del tiempo el desgaste los termina rompiendo. Los administradores de la torre saben bien de esta situación y le advierten a los visitantes que de cuando en cuando,  los candados serán retirados. Como dice el filósofo contemporáneo Joaquin Sabina, "el amor es eterno, mientras dura."



Nuestra siguiente parada es la ciudad costera de Busán. Para llegar a ella tuvimos que correr por la estación del metro que conduce a la salida del KTX, tren que conecta a Seúl con las ciudades pequeñas del interior del país. Y decir que son pequeñas es una imprecisión porque, a juzgar por lo que se puede apreciar desde la ventana del tren, son ciudades tan desarrolladas y modernas como la capital. En este, mi segundo viaje en tren, me sorprendió lo moderno de la infraestructura de vías de Corea, que a pesar de ser un país montañoso, nos ofreció un viaje cómodo y tranquilo gracias a la construcción de túneles que acortan las distancias y mantienen el tren a un mismo nivel.  




También desde la ventana pudimos conocer a la Corea agrícola,  que cuenta con importantes extensiones de campos de arroz,  maíz, vegetales en invernadero y árboles frutales.

En armonía con el desarrollo rural se encuentra el desarrollo energético. En la parte superior de muchos invernaderos había paneles solares instalados, que aportan sombra a los cultivos y energía solar a las poblaciones. El desarrollo económico no necesariamente está en contra posición con el cuidado del medio ambiente.

Y ya en Busan, una vez instalados en el hotel,  hicimos el recorrido del cable que conduce hasta Amnam Park, que de acuerdo con lo que dice Chat GPT cruza sobre el mar de Songdo, con un recorrido de aproximadamente 1,62 km y vistas hacia la costa, puentes y acantilados.




En este viaje me han sorprendido los espacios verdes y senderos de las ciudades. En ambos recorridos, tanto en Seúl como en Busan,  los ciudadanos coreanos cuentan con hermosos espacios verdes,  con áreas para ejercitarse y fantásticas vistas panorámicas. Todo un lujo en este mundo moderno que privilegia el concreto sobre los espacios verdes y naturales.



El parque Amnam es amigable con los gatos. Los pobladores disponen de agua y alimento para cuidar a sus felinos habitantes, que parecen ser una población pequeña y controlada, ya que se ven saludables y son confiados con los viajeros.









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