LA BELLEZA DE LO EFÍMERO

 

Todas las relaciones que establecemos en nuestro corto paso por esta experiencia de vida están destinadas a terminar. Incluso la relación que establecemos o no con nosotros mismos. Y vivir sin tener esto en mente nos roba la posibilidad de hacer de cada encuentro una experiencia memorable. Somos como una semilla de diente de león... pronto va a soplar un viento fuerte y nos vamos a separar de los nuestros para llevarnos a morir mientras damos paso a otras flores y otras semillas. O simplemente a fertilizar la tierra. No sabemos.

Si lográramos ser conscientes de esto cada vez que nos vemos como nuestros seres queridos,  buscaríamos demostrar lo mucho que los queremos. Trataríamos de disfrutar cada encuentro con nuestros amigos al máximo. Le daríamos más amor a nuestras mascotas y seríamos más amables con los extraños. También seríamos más amables con nosotros mismos. Nuestras conversaciones internas serían menos críticas y estaríamos más presentes,  disfrutando el ahora. Curiosamente, la consciencia de la muerte nos regalaría una mejor vida.

Y ésto, por supuesto no es un destello de iluminación particular. Está escrito en muchos libros,  nos lo recuerdan muchos expertos, escritores y poetas. En mi caso, es sólo una reflexión de lunes. Un lunes, en el que sin importar con quien me encuentre, quiero que cada momento cuente. Que cada persona con quien hable, tenga lo mejor de mí. Que pueda disfrutar de la comida,  la compañía,  el paisaje y la vida que generosamente Dios,  el Universo o la Fuerza  (de acuerdo con lo que cada quien quiera creer), nos regala.

Cada vez que nos encontramos con nosotros mismos y con los demás es la última vez... hasta que haya una siguiente. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

MIENTRAS LLUEVE

EN EL PAIS DEL SAGRADO CORAZÓN

PEQUEÑOS PLACERES