SIEMBRA
Una de las cosas que encontré en la finca cuando la compré fue una platanera. Los primeros meses me sentía súper orgullosa quitando las hojas secas de las plantas y cosechando los racimos de coliceros, popochos y habanos que se daban de manera ocasional. Con el tiempo y la ayuda de mi vecina, doña Tere, descubrí que la platanera estaba enferma y que la plaga que tenía, hacía que mis esfuerzos de mantenimiento fueran en vano.
Como en mis planes está tener independencia alimentaria y los plátanos verdes y maduros son un elemento importante para cumplir con mi propósito, visité a doña Matilde y don Arnaldo, que en compañía de sus hijos agrónomos tienen un vivero especializado en venta de colinos de plátano cerca de mi finca. Amablemente me hicieron una visita técnica, me aconsejaron en temas de siembra y me vendieron la cuota inicial de un nuevo sembrado de plátanos: diez maticas. En mayo de 2025.
Por diversas razones, entre otras el crudo invierno del año pasado del que ya les he contado, me quedé sin recoger mis colinos. Cada vez que me encontraba con doña Matilde, le prometía visitarla y pasar por ellos. Hasta marzo de este año, cuando por fin las estrellas se alinearon para que el clima, la ruta y el vehículo fueran los apropiados para emprender la tarea.
Hoy, por fin los sembré. En una cuesta al lado de la casa, don Parmenio me ayudó a hacer los huecos, Gustavo, mi hermano me prestó el abono y yo los sembré. No quedó perfecto, pero espero que las plantas sobrevivan y el clima las favorezca. Si el Universo coopera, en un año y medio empezarán a producir.
Mientras mezclaba el abono con la tierra y acomodaba los colinos en su lugar me llegó una pregunta acerca a de mi motivación para hacer lo que hago. Una de mis autoras favoritas cuestionaba en su podcast si hacíamos las cosas por amor o para alimentar el ego y la vanidad. Tengo que reconocer que a lo largo de mi vida he hecho muchas cosas motivada por el ego. Pero sembrar no es una de ellas. Sembrar es un acto de fe que depende de la vida misma y donde mi participación es mínima. Sembrar me ha enseñado humildad y confianza en los ciclos naturales, el clima, las abejas, el sol y los conocimientos de mis vecinos. En esta etapa de mi vida todo es aprendizaje.

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