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MOLIENDA

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  Siempre había querido ir a una molienda. De niña había oído muchas historias en la casa de mi abuelo acerca de las largas jornadas de trabajo que se empleaban para obtener la miel que luego se guardaba en zurrones en un cuarto especial donde también a veces se batía guarapo, la bebida de los trabajadores y a la que los niños no teníamos acceso. En cambio, disfrutábamos de postres tradicionales como plátanos cocinados en los fondos de la miel o cuajada con miel fresca, recién traída de la molienda. También oíamos de los accidentes que ocasionalmente se presentaban y por los que los niños no estábamos invitados a esas faenas. Soy muy afortunada de tener buenos vecinos y hoy, gracias a la amabilidad de Rafael Mendoza, pude conocer el proceso de molienda moderno. Desde el inicio de la semana don Rafa estuvo recogiendo las cargas de caña que los vecinos sacan de las fincas a la orilla de la carretera y trasladándolos al trapiche. Allí en dos o tres jornadas que inician a la una de l...

CUENTOS DE ANIMALES II: AMIGOS, NO COMIDA…

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Una primera aclaración: no soy vegetariana estricta, por lo menos aún no… más bien optativa… Sin embargo, ahora que tengo tres gatos y cuatro perros propios y varios animales visitantes mi percepción de los animales ha cambiado considerablemente y también a ha cambiado mi relación con la comida. La primera en venir de visita fue la Garbanza. Una vaca más loca que una cabra, que le enseñó a su hija recién nacida a escapar de cualquier lazo, saltar cuerdas y meterse en la platanera a comer vástagos a su gusto y sin supervisión humana. Mi interacción con la Garbanza fue mínima. Solo revisaba dónde estaba para evitar que en sus rondas nocturnas visitara mi jardín o los alrededores de la casa. Siempre la recordaré porque una vez pasó rozando la pared de mi cuarto a media noche y casi me mata del susto. Luego vinieron los toros rojos. A ellos les enseñé a venir a comer plátano y me seguían como perritos cada vez que pasaba por el potrero en el que estaban. Se acostumbraron a saludar en...

CUENTOS DE ANIMALES I: MADRES SILVESTRES

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Una de las primeras cosas que aprendí al estar en el campo es que los humanos no comprendemos de manera suficiente a los animales. Sus sistemas de comunicación, su lenguaje, su manera de comunicarse con sus iguales y hasta su manera de comunicarse con nosotros. Siempre me ha maravillado que seres que físicamente son más poderosos que nosotros se sometan a domesticación y nos soporten. Nosotros los compramos, los vendemos, los utilizamos, los castigamos y nos los comemos sin consideración alguna. Puntos menos para nosotros como especie “inteligente”. A continuación, algunas anécdotas de animales que me han llevado a reconsiderar mis creencias en relación con los animales y que han aumentado mi estima por ellos: Antes de poder ser esterilizada, la gata de mi vecina tuvo cría. Tuvo una camada varios gaticos, que fueron fácilmente adoptados y quedó una gatica negra, que nadie quiso por la superstición de que los gatos negros traen mala suerte. Después de ofrecerla a varias personas, fi...

LA LEY DEL ESFUERZO INVERSO

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  Era una tarde de jueves en la que decidí interrumpir el trabajo a fin de hacer un par de vueltas indispensables en el pueblo a fin de poder disfrutar del siguiente día festivo sin estrés y sin temas pendientes. En mis planes perfectamente hechos durante el rato en el que me suelo desvelar a las tres de la mañana, había organizado el horario de trabajo a fin de cumplir con las ocho horas necesarias, tenía definida la hora de salida, las vueltas y hasta había pensado en darme algún momento en mi escasa vida social para tomar café con algún amigo en el pueblo. Con esto en mente, me levante temprano y trabajé hasta el mediodía. Almorcé algo sencillo y cuando me disponía a trabajar las dos horas que tenía pendientes descubrí que por fallas en la energía eléctrica en el pueblo vecino me había quedado sin Internet. Le escribí al servicio técnico y peleé un rato mentalmente con la situación. El daño duró poco pero tuvo impacto en los planes. Fue la primera señal. Luego acordé mi hora...

TRABAJO EN CASA

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  Me encantaría poder estar dedicada del todo al cuidado de la finca. Sin embargo las circunstancias económicas actuales no me permiten darme ese lujo, así que conseguí un trabajo como curadora de datos en una empresa de tecnología cuya sede está en Europa Central y que tiene personal en todo el mundo. Mi trabajo es sencillo, agradable y tiene reglas claras. Debo revisar información 40 horas a la semana como mínimo, cumplir con estándares de calidad y pertenezco a un grupo de personas amables, siempre dispuestas a ayudar, que hacen que se mantenga un ambiente laboral de mucha independencia, responsabilidad, aprendizaje y respeto. En mi fase de entrenamiento tuve que estudiar los estándares y normas con los que se rige la compañía. En mi vida laboral he tenido mucho que ver con gestión de documentos físicos y electrónicos, pero la manera en que se manejan estos temas en mi actual empresa es fantástica. Sin ahondar en temas técnicos complejos, me gustó mucho descubrir que la gestió...

NO HAY NECESIDAD DE IR TAN LEJOS

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Las cosas que necesitamos están más cerca de lo que pensamos. Al estar en el campo de tiempo completo cambió la forma de hacer las compras. Cuando uno vive en el pueblo puede salir a comprar lo que necesita en cualquier momento, cambiar de idea con respecto al menú y en muchas ocasiones salir a comer o pedir un domicilio cuando no tiene ganas de cocinar. Ahora este proceso requiere de planificación, listas y previsión para evitar restricciones o gastos adicionales durante la semana. Ahora hago mercado en la plaza cada ocho días y valoro mucho más el esfuerzo que hacen las personas que producen y venden los alimentos, porque entiendo los retos a los que se enfrentan los productores en términos de clima, logística y demanda de sus productos. Sin embargo, el mercado de la plaza ha recorrido un largo camino antes de llegar a las manos de sus compradores. Normalmente son productos que han hecho un viaje de ida desde los pueblos pequeños hasta Bogotá y que vienen de regreso a Garagoa,...

AMANECERES

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Aunque con el tiempo he ido perdiendo mi capacidad para dormir hasta tarde, no soy una persona madrugadora. Disfruto enormemente los últimos minutos en cama antes de levantarme a enfrentar el día. Sin embargo, los últimos acontecimientos en la finca me han llevado a abandonar mi cama una hora más temprano. Recientemente mi perro, que creció en ciudad y no sabe vivir en el campo, se escapó de sus condiciones de libertad limitada y cometió un asesinato. Mató a la pata de los vecinos de finca de la parte alta de la montaña. En menos de diez minutos juntó una manada de perros caseros para ir a cometer su crimen. Como consecuencia dejó las relaciones de vecindad fracturadas y aceleró la construcción de la cerca que yo había venido posponiendo por razones económicas. Pero como todos los infortunios este trajo algo bueno. En compensación por el daño causado me comprometí con los vecinos a subir a casa a diario para alimentar a un perro y dos gatos que pasan algunas temporadas a solas. Para ...